Comer y cervecear

Siendo madrileño y teniendo una página que habla sobre viajes, ciudades y experiencias, me veo casi en la obligación de compartir con vosotros algunos de mis sitios preferidos de Madrid (ya sean éstos bares, restaurantes, salas de concierto, o lugares poco comunes). Así que sin más preámbulos, comenzamos:

Comer y cervecear por Madrid

Os podéis imaginar que la oferta es apabullante. Tanta que a veces ni nosotros mismos sabemos dónde ir. En este apartado voy a poner aquellos sitios en los que repito, no sólo esos que te seducen en una primera ocasión, si no aquellos a los que volvemos.

Gran Vía y Edificio Metrópolis

Ubicado a escasos centenares de metros del Km.0, es un sitio con una historia apabullante: en ese mismo edificio vivió Cervantes y allí mismo acabó de escribir la segunda parte de El Quijote. Increíble, ¿verdad?

El sitio permanece abierto desde 1827, y a pesar de sus aires taurinos en el comedor (aires con los cuales no comulgo mucho pero, no nos engañemos, forman parte de nuestra idiosincrasía a día de hoy), la zona de la barra es un sitio maravilloso donde degustar algunas de sus tapas típicas pero con aires de cocina de autor.

  • El bocata de calamares, en la Plaza Mayor

Uno de nuestros platos más típicos y económicos. Prácticamente lo ponen en cualquier bar del centro, y muy mal se tiene que dar la cosa para que no esté bien hecho. Pero por mi parte, llevo cerca de veinte años yendo al mismo sitio: La Campana, en Calle Botoneras 2. Y mientras os coméis el bocata, podéis entreteneros leyendo los refranes que adornan las paredes.

Bocata de calamares madrileño

  • Korgui, cocina con toques orientales y mexicanos (calle del Rollo 8, barrio de los Austrias)

Un sitio encantador, y a un precio medianamente comedido (pongamos que unos 35€ por barba). Tiene una decoración preciosa y una terraza muy agradable, en una plazoleta con no mucho jaleo en pleno barrio de los Austrias. A mí me gusta pedir el ceviche, servido en copa de balón. No está excesivamente concurrido (nosotros hemos ido unas cuatro o cinco veces y nunca hemos necesitado realizar reserva).

  • Kebab House, el kebab más antiguo de Madrid (calle de Menéndez Valdés 67, barrio de Moncloa)

Abierto desde 1978 e, intuyo, con la misma decoración y mismo número de empleados de entonces: uno, el dueño. Nada que ver con los típicos kebabs que han proliferado por todos los rincones de cada ciudad. En este caso la carne se corta a cuchillo, y cuando se acaba el rollo de carne, el local cierra. Precios muy económicos y colas para comer/cenar (puedes llegar a esperar unos veinte minutos tranquilamente).

  • Vinos y Cervezas (Esquina de calle de Istúriz con calle Hernani, barrio de Cuatro Caminos)

Hasta hace unos años regentado por Paco, un castizo de lengua afilada y mirar vacilón, se trata de una tasca que lleva en funcionamiento, al menos, sesenta años.

Ahora lo lleva una pareja que, con un mero lavado de cara, una ración por tapa y unos horarios fijos (porque Paco abría y cerraba cuando le salía de los coquitos), han hecho de este lugar un sitio mucho más acogedor y agradable de lo que ya era.

Vinos y Cervezas, Cuatro Caminos

El nombre lo dice todo: cervezas y vinos. No os compliquéis la existencia que aquí se viene a pasar un rato de charla, risas, o discusiones. Lo que se tercie ese día.

Mi recomendación aquí es un buen tercio frío de Mahou, y si pedís alguna ración (que nosotros nunca lo hemos hecho, la verdad), pedid los boquerones en vinagre. Los ponen de tapa y están cojonudos.

  • Restaurante japonés Naomí (Calle de Ávila 14, barrio de Tetuán)

Y si decidís ir a esta zona de Madrid,pensad pasaros por el Naomi: en este caso se trata del primer restaurante japonés que abrió en la capital, allá por 1974, cuando reinaba Carolo (¿o no se llamaba así?).

Aquí sí es necesario reservar por teléfono. Cuando llaméis, os recomiendo que elijáis la mesa japonesa, esa típica mesa bajita en la que es necesario descalzarse. La experiencia mola (aunque a veces se te puedan dormir las piernas). Dejáos aconsejar por los agradables camareros.

El precio medio puede rondar los 35€ por cabeza. No es tan barato como el bocata de calamares, pero os aseguro que la calidad bien merece rascarse un poco el bolsillo.