Cuatro noches en Nueva Orleans


“[…]When I get to New Orleans I wanna see the Zulu King” – (Mardi Gras In New Orleans, Professor Longhair)


ANTES DE EMPEZAR, AQUÍ TIENES UNA PLAYLIST DE SPOTIFY

Qué nos lleva a Nueva Orleans

Todo empieza cuando tras un pequeño accidente de moto me tiro tres meses de baja en casa y comienzo a ver Tremé, la serie de la HBO que más que una serie, es una carta de amor a la ciudad.

Lo curioso de esta serie es que ya lo intenté con ella hace unos años, y no me cautivó en absoluto.

Ya con tiempo por delante y sin prisas decidí dar esa segunda oportunidad que a veces no damos a las cosas: en esta ocasión, no sé exactamente por qué motivo, me enamoró y me hizo prometerme a mí mismo que tenía que viajar a Nueva Orleans y a no mucho tardar.

En marzo de 2018 se cumplirán dos años que estuve en Nueva Orleans, y aún hoy sigo soñando con volver a ella. Con esto creo dejar bastante claro que me tocó mucho la patata. Ese viaje lo trabajé a conciencia y salió cojonudo, todo hay que decirlo.

Tan bien lo pasábamos que diez minutos en mitad de un concierto cancelamos la reserva de un hotel que teníamos para dos días después en Natchez, Mississippi, sólo por alargar más la estancia.

Mimo en la Jackson Square, Nueva Orleans

La Ciudad de las Mil Danzas

Aunque también podrías llamarla Crescent City, Dixieland, The Big Easy o NOLA (de New Orleans, Louisiana, LA).

Land of 1000 Dances“, la canción que popularizó Wilson Pickett (mucha gente no sabe que en realidad es de Chris Kenner y que la versión con el famoso “nanana” es un añadido de Cannibal & The Headhunters) habla, sin nombrarla, de Nueva Orleans. ¿A qué creéis que se puede deber?

En el plano personal, éste ha sido uno de los viajes más importantes que he hecho hasta el día de hoy. ¿Por qué? Bien, se conjugaron muchos factores para que esas cuatro noches las disfrutáramos a tope: grandes conciertos en Frenchmen Street, buena comida por las calles, gente amable y… el Super Sunday: no, no es ningún evento deportivo. Se trata de la segunda fiesta más importante para los Indios de Nueva Orleans, a los cuales les dedicaré una página completa para ellos solos.

Indios de Nueva Orleans

Cuánto tiempo pasar en Nueva Orleans

Con cientos de festivales de todo tipo a lo largo de todo el año, es difícil que no encuentres algo que te seduzca de esta ciudad. Echad un vistazo al anterior link para que flipéis.

Te recomiendo que, antes de ir a Nueva Orleans, te preguntes por qué motivo: ¿la gastronomía? ¿arquitectura colonial? ¿o por la música? Si es por la música, te recomendaría un año entero… y si es por motivos ajenos totalmente a ella, si no tienes pensado asistir a conciertos en unos clubs fabulosos… con un par de noches tienes más que suficiente para ver la ciudad.

Pero que sepas que la ciudad es un puto hervidero de música: lo fue durante todo el Siglo XX y sigue siéndolo ahora. Allí nació el jazz y nació el funk.

Dónde alojarse

Valla del hotel Fairchild House, Nueva Orleans

Nosotros nos alojamos en la zona del Lower Garden District, a tiro de piedra en tranvía del centro histórico, en el Fairchild House. Elegida por ser una zona tranquila, alejada del bullicio del French Quarter y que ya sólo por el espectáculo de las casas antebellum (las construidas antes de la Guerra de Secesión) merece la pena. Como todos los alojamientos de Estados Unidos, pues sí… bastante caros.

Para que os hagáis una idea, John Goodman (muy ligado a la ciudad, es uno de los protagonistas en la primera temporada de Tremé) vive por esta zona.

Para llegar al centro en tranvía, lo mejor es que compréis el Jazzy Pass (hasta el nombre de un billete de transporte público mola, joder), que es un billete de un día de duración por la irrisoria cifra de 3.00$. Podéis comprarlo en el mismo tranvía, pero recordad llevar efectivo.

No dejéis de fijaros, una vez lleguéis al French Quartet, de las placas con nombres de calle… y prestad especial atención a dónde están hechas.

Placa de nombre de calle en Nueva Orleans Talavera de la Reina

Hora de comer

Los que viajéis a NOLA vais a ver rápidamente la influencia de la cocina francesa y española, y recordad sentiros afortunados: en pocos sitios de Estados Unidos vais a comer como allí.

Curiosamente toda la comida que nos ha llegado y que ahora identifica a la ciudad es de procedencia esclava: conoceréis los po’boys (una suerte de bocadillos, que debéis pedir “dressed”, con tomate, lechuga, o lo que haya), el jambalaya (una paella hecha de marisco y de lo que tuvieran los esclavos a mano),  el gumbo (como un arroz con lentejas)…

Es tanta la importancia de la gastronomía que en Tremé (volvemos a la serie, sí), uno de los personajes centrales es el de una chef que existe en la realidad y que sigue ejerciendo. Es Susan Spicer.

A continuación, algunos de los sitios en los que estuvimos, otros recomendados, y algún plato que tienes que masticar sí o sí:

Coops Place: cercano al French Market, la rivera del Río Mississippi a dos calles de él, y abierto desde 1983, es un sitio popular donde si bien la comida no es la mejor que te vas a encontrar en la ciudad, tampoco vas a comer nin mal ni excesivamente caro.

Sus especialidades son el jambalaya de conejo y salchicha ahumada de cerdo, o su gumbo de marisco.

Jambalaya en el Coop's Place

The Praline Connection: quizá no sea el mejor restaurante de soul food de la ciudad, pero nosotros comimos dos deliciosos bocadillos (perdón, po’boys): uno de ellos de catfish (es nuestro pescado de agua dulce muy consumido por los esclavos por su facilidad para capturarlo y su poca calidad, ya que es el pescado que va barriendo los fondos de los ríos) y otro, bastante rico, de alligator. Eso sí, tardaron mucho en servirnos. Menos mal que estábamos a resguardo mientras fuera llovían litros y litros de agua y que para cuando terminamos, ya había escampado. Además lo tenéis en la misma Frenchmen Street.

Cafe Du Monde: los beignets son una suerte de buñuelos llevados a Louisina por los acadianos (corriente migratoria originaria de las tierras de la ahora Canadá que se asentaron en Louisana tras la expulsión de sus tierras), y se ha convertido en un dulce típico de la región.

Por eso, y sin necesidad de buscar mucho, tenemos este famosísimo café, ubicado a pocos, poquísimos pasos de Jackson Square. Aviso que hay colas y muchísima gente. Otra alternativa que también queda cerca es Café Beignet.

Lafitte’s Blacksmith Shopconsiderado la estructura más antigua usada como bar de Estados Unidos. Su construcción data de 1722, que no es poca cosa para lo joven que es el país. La encontraréis al final de Bourbon St., y bien merece una pinta de una rica IPA. Para quien se pregunte quién fue Jean Lafitte, puede leer algo sobre él aquí. Resumiendo mucho, un buen pirata.

The Original French Market Restaurant: sin que fuera un restaurante que nos llamara mucho la atención, debo decir que las ostras al grill que nos sirvieron, junto al “catfish” (en España es nuestro pez gato) no estuvo nada mal. Un servicio atento y simpático, aunque esto allí es la norma.

Ostras con queso

La Playlist, hablemos de música

Ya con el estómago lleno, vamos a lo que realmente lo rompe en Nueva Orleans: la música. Os propongo un paseo de una hora y diez de duración por la musicaza que esa ciudad ha regalado al mundo.

La playlist comienza con una intro de Galactic, una de las bandas con mayor trayectoria en la nueva hornada del funk diciendo algo así como: “Damas y caballeros: bienvenido a Nueva Orleans, Louisiana, la ciudad de los hits. Pero si eres de otra ciudad, ehm, bienvenidos al tercer mundo“. Un poco drástico, quizá. Pero efectivo.

Los tres primeros temas hacen referencia al jazz más primigenio, al de burdel y moonshine, ese infame licor de maíz que tanto se extendió durante la época de la Ley Seca.

Nombres básicos, embajadores de la ciudad: Jelly Roll Morton o, cómo no, Louis Armstrong.

Foto a un cuadro de Nueva Orleans

Algunos de los temas contenidos en la playlist son simple y llanamente auténticas joyas en la onda del Rhythm & Blues sureño.

Otros, sin embargo, van un paso más allá y adquieren carácter de himno patrio (ese  Ooh Poo Pah Doo de Jessie Hill o, cómo no, el Mardi Gras in New Orleans del Professor Longhair). Seguimos avanzando y empieza a sonar a ese funk criollo que se hizo en los sesenta/setenta tan delicioso: The Meters, Lee Dorsey, o el Dr. John… y toca anécdota: A éste último pude verlo en directo hace unos años teloneando a B.B.King en Las Ventas, y allí en Nueva Orleans me lo encontré en la propia ciudad, en un desfile durante el Super Sunday (!!)

Pero antes de ver la foto con el Dr. John, dejadme que os cuente por qué tiene un cd de mi banda en la mano: Desde hace unos años, cuando viajo tengo la costumbre de llevarme cd’s de mis bandas (antes The Forty Nighters y ahora Boo Boo Weavils), en forma de regalo que doy a alguien porque nos haya tratado especialmente bien, o alguien que hayamos conocido y creo que pueda molarle. Suele sorprender mucho a la gente y creo que es un bonito detalle.

También los he dejado abandonados en sitios de todo tipo, como en  el Puente de Brooklyn, la Plaza Roja de Moscú, la Ciudad Prohibida de Beijing o el Machu Picchu (acabo de darme cuenta escribiendo esta última frase que soy un puto afortunado por haber viajado tanto). La otra alternativa a regalarlos es la frikada de esperar a ver quién se lo lleva (estoy unos minutos observando, tampoco os penséis) dando pie esto último a situaciones curiosas como la de la Plaza Roja, donde la gente lo evitaba y lo bordeaba mirándolo con recelo hasta que, cincuenta personas después, alguien se agachó tímidamente a cogerlo y se lo llevó. Dónde estará ese disco ahora mismo.

Y nada más, que os lo quería contar. Que por eso tiene un cd en la mano. No es que le pillara comprándoselo. Jarl. Y el testimonio gráfico.

Con el Dr. John en Nueva Orleans

Sigamos hablando de la playlist: la evolución musical se aprecia rápidamente cuando empiezan a sonar gente como Jon Cleary o Dumpsthaphunk (ambos disfrutados con estos ojitos en la Sala Clamores de Madrid). Cómo no, si suena Nueva Orleans, tiene que sonar una brass band; en este caso la elegida ha sido la Hot 8 Brass Band, banda que pudimos ver en la sala pequeña que tienen en el The Howlin’ Wolf.

He elegido una deliciosa versión del Sexual Healing de Marvin Gaye, rompiendo un poco el estereotipo de brass band más clásica.

En definitiva, cerca de veinte temas con lo más representativo en materia de música negra que ha dado la ciudad.

Ah, por cierto: dejo adrede fuera el cajún, zydeco y demás variantes, porque éstos no son estilos asociados estrictamente a Nueva Orleans, y por tanto no escucharéis mucho de ello cuando viajéis a la ciudad.

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