Lima


“[…]No paséis más de una noche en Lima, mi país tiene cosas muy bonitas como para perder el tiempo en la capital.”


Esto nos dijo una compañera de Gloria, limeña ella en todo su ser. Suena quizá muy brusco, pero ¿y si tus vacaciones se reducen a sólo quince días? Ya parece empezar a cobrar algo de sentido. Pues bien, hicimos caso de la recomendación y acompañado a ésto, la burrada de hacer sólo una noche tras un vuelo de 16h de duración: el pobre cuerpo no tiene ocasión de aclimatarse cuando sólo unas pocas horas después vuelve a coger otro avión. Casi ni deshaces las maletas en el primero de los hoteles porque poco tiempo después ya debes estar recogiéndolas para irte. Aún así, volvería a hacerlo.

Las afueras de Lima

Una brevísima pincelada

Llegar a Lima no sólo significó haber llegado a un nuevo país. También ha sido la primera vez que he pisado el Hemisferio Sur, o que ví el Oceáno Pacífico. Parece que hablamos de algo importante.

Por desgracia, imaginad lo que vimos un día por Lima: el parque Kennedy, la Plaza Mayor, el Convento de Santo Domingo (donde está enterrado Martín de Porres, el primer  santo Mulato del continente americano… y por lo que nos contaron, debieron de beatificarle no por los supuestos milagros atribuidos a él, si no más bien por las muchas putadas, trabas, impedimentos y desaires que le hicieron por ser mulato) y… ah, sí: un paseo por Miraflores y otro por el casco antiguo. Bueno, y el aeropuerto. Dos veces.

 

Convento de Santo Domingo, Lima

Monumentos aparte, lo primero que me sorprendió no fue el bullicio de la ciudad (bueno, un poco sí, sobre todo en la salida del aeropuerto: vais a flipar), o algunos olores o situaciones. Lo que más me impresionó fue que comen mucho y comen bien. Y lo podréis comprobar por vosotros mismos según naveguéis por las páginas de las diferentes ciudades.

¿Qué significa que comen mucho?

Desayuno en una cafetería limeña

Pues que comen mucho, todos me habéis entendido; lo que para ellos es algo con lo que te puedes quedar justito, para nosotros fue saciante. El primer ejemplo lo tuvimos en el Cordano de Lima, uno de los bares más antiguos de la ciudad e inaugurado en 1905, el cual se considera ya Patrimonio Histórico de la ciudad (aunque creo que tan magna calificación se la han puesto los dueños por el Artículo 14). Bien, ahí pedí un ceviche con una cerveza (de 750ml, claro)  y al preguntar a la camarera si me quedaría con hambre, me dijo rotundamente que sí. A la foto me remito:

Ceviche en el Cordano de Lima

Vale, es verdad que no es algo comparable al rollo Crónicas Carnívoras, ese infame programa donde cuanto más comas, más molas, pero no es menos cierto que tampoco te puedes hinchar tras 16 horas de viaje y paseando por una ciudad con un calor abrasador. Así que el ceviche precisamente terminamos compartiéndolo (porque, por supuesto, me pedí otro plato para acompañar al primero, cómo iba a quedarme con hambre). Por lo que, cuando dudéis de si con ese plato que acabáis de pedir os quedaréis satisfechos o de lo contrario necesitaréis otro, creerme: será suficiente. Relacionado con el tema de la comida, hay un sitio muy famoso en Miraflores llamado Sangucheria La Luchaubicado en una de las esquinas del Parque Kennedy (aunque la de la foto que podéis ver más abajo es una sucursal que se encuentra a veinte metros de la primera, en una calle peatonal donde multitud de muchachos juegan al ajedrez en mesas preparadas para ello).

Sanguchería La Lucha

Es un sitio de bocadillos y zumos (jugos) suculentos (tanto fríos como calientes… aseguraos de pedir uno caliente, son más sabrosos); que no os desanime ver que hay mucha gente, porque es un servicio bastante eficaz. Así que no lo dudéis, si pasáis por la puerta, probad uno de sus “sanguches”. Lamentablemente nos dejamos infinidad de sitios por conocer de Lima: barrios como Barranco o el malecón de Miraflores son lugares que deberán esperar a nuestra próxima visita.

Soportales de la Plaza de Armas de Lima

 

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