Puno y el Titicaca


Todas las guías coinciden en que Puno no tiene mucho encanto, más allá del Lago Titicaca. A mí sí me gustó.


Mis impresiones de la ciudad

Es cierto: es una ciudad pequeña, con pocos atractivos para el turista; no mucho más de un par de calles que concentran su vida social y unos pocos restaurantes en los que elegir. Según llegues, ya sea en bus o en avión, te vas a encontrar de frente con el famoso soroche. Pero a mí la ciudad me gustó, y me sentí apenado cuando nos alejábamos de ella.

Quizá fue porque nos encontramos de lleno con lo que honestamente creo que es parte de la realidad del país: casas a medio terminar, calles sin asfaltar.

El por qué veréis muchas casas sin finalizar a todo lo largo de Perú (aunque también aplica en Bolivia) tiene una explicación tan sencilla como efectiva: ¿conocéis aquello de la licencia de final de obra? ¿Podéis ahora imaginaros quién se ahorra esa licencia si no termina el tejado de su casa? Pues sí, amigos. No sólo en España la picaresca está a la orden del día. La lógica indica que si tu casa no está terminada, no tienes que pagar dicha licencia. Tenedlo en cuenta cuando lo veáis.

Aquí podéis apreciar lo que comento, aunque no sea la foto con la mejor calidad del mundo:

La ciudad de Puno desde una colina

Elegimos pasar dos noches Puno; la primera de ellas fue para aclimatarnos, ya que llegábamos desde Arequipa en los fantásticos Cruz del Sur a eso de las ocho de la tarde (recordad lo que comento en alguna otra entrada de la página: en un país donde a las cinco de la tarde ya es de noche, las ocho de la tarde parecen la una de la madrugada aquí en España).

La segunda de ellas, tras haber estado de visita por el Lago Titicaca esa misma mañana, fue para tomar unas cervezas, cenar y disfrutar la ciudad, sin prisas, ya que al día siguiente salíamos temprano en el Cruz del Sur hacia Cusco.

Llegados a este punto, toca recomendación: si estáis pensando entre coger el famoso bus turístico o ahorrar unos euros en Cruz del Sur, elegid esta última opción… No verás tantas cosas como con el bus turístico, pero tampoco hay que pasarse el país en modo difícil, ¿no creéis?

Mujer tejiendo en la Isla de Taquile, lago Titicaca.

El Lago Titicaca

El lago navegable a mayor altura del mundo. ¿Cómo no incluirlo en tu ruta por el sur del país? En su momento estuvimos valorando obviar el Titicaca en pos de pasar más días en la selva, pero decidimos incluirlo.

Para mí fue un destino que nunca recordaré como algo inolvidable; quizá más sea una equis más en la lista de cosas que has visto en tu vida que algo que me hiciera llorar de emoción, y me explico: a pesar de lo simbólico del asunto (el lugar desde el cual creció el Imperio Inca, el lago navegable a mayor altura del mundo, la frontera natural entre Bolivia y Perú, etc…), es un entorno árido y con poca vegetación.

Aparte tenemos la turistada de la visita a las islas flotantes de los Uros, donde pasas un poco de vergüenza ajena mientras te despiden con una canción que dice algo así “vamos a la playa, vamos a la playa (sí, verídico).

Si estáis pensando realizar ese turismo vivencial de pasar una noche en una isla… bueno, nosotros no lo hicimos, y yo personalmente nunca lo haría. Aparte que no soy yo muy amigo de este tipo de “vivencias-tan-increíbles” (no me creo aquello de compartir una noche mágica y sentirte uno más de su familia, cuando son culturas tan distintas y las personas no se conocen… por favor, seamos serios, ellos sólo ven en ti dólares, dinerito fresco… ¿o pensáis que están deseando meter en sus casas a desconocidos de los que muy posiblemente ni se acuerden de su nombre a la semana siguiente?).

Tours para visitar el lago

Me gustaría contaros un poco qué contratamos nosotros y por qué: para ir a visitar la Isla de los Uros y la Isla Taquile (que es lo que hicimos nosotros), hay un servicio de lancha normal  y otro de lancha rápida. Dado que el de lancha normal tomaba hasta tres horas en llegar desde la Isla de Taquile (el destino más alejado desde Puno) y el de lancha rápida te plantaba en hora y media, elegimos esta última opción.

El precio que conseguimos con Casona Tourstras haber solicitado un pequeño descuento, fue de 32$ por cabeza. Creo que la diferencia respecto del tour en lancha normal era de sólo 10$ por persona… y si le ganas al día unas tres, cuatro horas… creo que merece la pena.

Chocolate caliente, lago Titicaca.

En este caso no me rompí mucho la cabeza buscando el mejor precio, simplemente comparé varios precios y ví que estaba en la media; dado que la comunicación por mail con esta empresa fue rápida y eficaz, decidí contratarlo con ellos. Ya os digo que la excursión como tal… pues es una más de las muchas excursiones que nos venden como imprescindibles y quizá no lo sean tanto. De ambas visitas nos pareció más real la visita a Taquile (las dos últimas fotos provienen de allí, de la Isla de Taquile): allí sí ves una comunidad que vive de sus propios recursos, donde, si desapareciera el turismo, quizá hasta lo agradecerían.

La ciudad

Como comentaba al principio del post, no esperéis encontrar una ciudad rebosante de ofertas culturales, gastronómicas o de ocio. La ciudad se sostiene por y para el Lago Titicaca. Esto es así y sería estúpido negarlo. Pero sin embargo, sí encontramos un par de sitios bastante agradables que me gustaría recomendaros aquí.

1-. Para tomar algo, y también cercano a la Plaza de Armas, encontraréis La Casa del Corregidor; uno de los pocos lugares que encontré en el viaje con música de calidad (para mí, claro, pero sonaron Jamiroquai, Bob Marley, etc…), y con una carta de cervezas artesanales bastante apetitosa. A esto lo acompañas con una wifi de calidad, un sitio con historia y agradable, y tienes una combinación ganadora para pasar un buen rato.

2-. Para cenar, y aunque a un precio algo elevado respecto de la media, debéis ir al Mojsa; está en la misma Plaza de Armas, frente a la catedral. Pero por favor, si vais a cenar, no pidáis más de un plato. Cometí el error de pedir de primero un cebiche de trucha y de segundo el famoso cuy… Yo fui educado en aquella generación en la que te decían que el plato se tenía que quedar limpio, aunque reventaras. Y me apenó mucho tener que dejar medio plato sin tocar, porque sinceramente no podía más. Pasa además una cosa curiosa en estas ciudades de altura tan elevada, y es que la digestión es mucho más lenta de lo que tardarías en hacerla a pie de mar… Dicho esto, que no te sorprenda seguir sin hambre a la hora de la cena.

Dicho esto…

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