Los Everglades en bicicleta

Dónde visitar los Everglades

Como todo lo que ves sobre un mapa relacionado con Estados Unidos, el Parque Nacional de los Everglades es mucho más grande de lo que en un primer momento pueda parecer. Por tanto, hay muchos sitios por los que poder acceder. En este caso concreto vamos a centrarnos en lo que, por un lado hicimos nosotros, y por otro, será lo que haga también la mayoría de vosotros:

Entrando desde Miami hay dos opciones, la corta y la larga:

La larga: la que no hicimos y que debía molar más, pero era un poco exagerado en km’s para hacerlo en un día: bajar hasta el Flamingo Visitor Center, a 140km’s de Miami Beach. No mucho sobre el papel pero si le sumas atascazos, carreteras en obras y, una vez dentro del parque, parándote cada poco rato… Puedes echar el día entero. Que está cojonudo, claro que sí. Pero no era nuestra idea.

La corta: la que hicimos nosotros. Desde Miami coges el Tamiami Trail (Tamiami es la contracción de Tampa to Miami, una carretera que atraviesa de este a oeste la península de Florida) y te lleva al Sharks Valley Visitor Center.

Pagas la entrada al Parque Nacional de los Everglades (25$ por coche y te vale para siete días… y de esto me acabo de enterar ahora, manda cojones) y tardarás pocos minutos en ver tus primeros caimanes, los famosos alligators de los Everglades:

Caimán en los Everglades

En el propio centro de visitantes hay disponible una empresa concesionaria para alquilar bicis, a razón de 9$/hora/bici (que ya está bien cobrada). También, como en todos los parques nacionales en los que he estado (Death Valley o Yosemite, ahí podéis leer algo), baños públicos, tienda de souvenirs, y el propio centro de información, por supuesto. También parking.

Recorrido circular en bicicleta… o no.

Se trata de un recorrido circular (y asfaltado, cosa que me chocó no sé si para bien o para mal) de 22km’s que te dicen al alquilar las bicis que se hace en tres horas. Mis cojones. O vas sin parar y a velocidad alta, o serás incapaz de realizarlo: porque te vas a parar a cada rato a ver a los animales, a fotografiar, a echar un pis (con más miedo que vergüenza con esos animales por ahí)…

Este recorrido lo hicimos en cerca de cuatro horas, aunque nos dimos la vuelta tras llegar a la torre de vigilancia que hay a unos 7 kilómetros del centro de visitantes. De haberlo hecho completo calculo que nos hubiéramos fácilmente ido a las cinco horas.

Y es que resulta que comenzamos a “completar el circuito” y nos dimos cuenta que no había caimanes por ningún lado. Así que a deshacer lo andado con dos alicientes: ver más animalejos y hacer menos kilómetros. Lo que se llama un win-win.

Caimanes en Everglades

Tuve la suerte de que a dos kilómetros de lo que se había empezado a convertir en mi meta personal (soltar el trozo de hierro ése) rompí la cadena. A dos km’s. A favor de la empresa de alquiler, tuvieron la gentileza de no cobrarnos la bicicleta herida. Chapeaú.

Contaros que cuando empecé a planear el viaje, yo no barajaba la opción de pasear cerca de caimanes en completa libertad: se intuye que la cosa es seria y que si esos animales llevan poblando la tierra  durante millones de años no debe ser precisamente por su pasividad.

Finalmente antepusimos esta opción a la tan manida y comercial de los aerodeslizadores. Si os preguntáis si impresiona ver a caimanes en libertad, caimanes con hasta once crías por el agua… Sí, mola, mola mucho estar a poquísimos metros de ellos. Parecen casi inofensivos.

Ah, comentaros por último que no cogimos un aerodeslizador de los famosos que salen en las pelis porque esto realmente son empresas privadas con show incluido de “alligator farm” (granja de caimanes). Es mucho más impactante verlos de tú a tú.

Cola de caimán, Everglades.

¿Mosquitos?

Ya acabando esta pequeña entrada en la página sobre los Everglades, pero de importancia capital para que podáis disfrutar sin agobios, echemos unos minutos a los mosquitos. Para empezar, nosotros tuvimos mucha suerte con los mosquitos, ya que era un día de mucho viento y no nos pilló ni uno. Menos mal. Tuvimos la suerte de la que no disfrutamos en el viaje que habíamos echo pocos meses antes a Algonquin Park (Canadá); eso fue un auténtico infierno.

Por tanto, id preparados con alguna camiseta blanca cutre de manga larga, pantalones largos, antimosquitos, y si la temperatura os lo permite, algún pañuelo al cuello. Pensad que esos mosquitos conviven con caimanes, y ahí siguen. Son muy chungos, creedme.

Etimología de la palabra alligator

Permitidme en este caso ser un poco vago y citaros literalmente la Wikipedia en lo que a la etimología de la palabra alligator respecta:

“[…]Tanto el nombre castellano actual como el latino usado en la clasificación científica proceden del inglés Alligator, que a su vez es una deformación del español «el lagarto», con el que los conquistadores españoles de Florida bautizaron inicialmente a este animal[…]”

Eh, curioso ¿verdad?