Stirling
Qué bonita y qué coqueta ciudad, qué gran puerta de entrada a un país tan mágico como Escocia. Antes del viaje de cinco noches por Escocia, estábamos dudando si merecería la pena pasar una sola noche en Stirling, si no sería mejor dedicárselo a Edimburgo o Glasgow. Lo cierto es que nos encantó, y aquí os traigo, queridos lectores, qué hacer en un día en Stirling.
Directo a...
Situada a poco menos de una hora en tren del aeropuerto (tuvimos que hacer un pequeño transbordo, pero también hay autobuses que salen directos… consultadlo en GMaps), se trata de una recoleta ciudad cuyo castillo rivaliza en belleza, dice todo el mundo, con el de Edimburgo. ¿Siendo sincero? Sólo visitamos este castillo, pero, sí, nos gustó. Además cuenta con el añadido de que hay figurantes vestidos de época en las diferentes estancias por las que vas pasando.

Stirling al atardecer de un doce de septiembre de dos mil veinticinco.
Free tour por Stirling
Siempre que llego a una ciudad intento contratar un free tour: es una magnífica forma de situarte, histórica y geográficamente, en la ciudad a la que vas a dedicar unas horas de tu vida. Además, los guías siempre suelen dar alguna recomendación de restaurantes y/o bares donde tomar algo (aunque, a veces, se lleven una pequeña comisión por ello). Si queréis contratar uno, con cancelación gratuita y apoyar de paso a esta humilde web, reservadlo a través de este enlace 🙂
El Castillo de Stirling
Lo comentaba anteriormente: muchos guías y muchas webs hablan de la belleza de este castillo y de que merece más la pena que el del propio Edimburgo.
¡Por cierto! Antes de seguir hablando del castillo (no os preocupéis, que no os voy a dar la chapa), tened en cuenta una cosa: cuando oigáis hablar de castillos escoceses, no penséis en castillos como los que tenemos por España (un gran ejemplo es el de Loarre, Huesca, del que dicen es uno de los más bonitos del país), que son, básicamente, estructuras monolíticas e impresionantes: al menos el de Stirling y el de Edimburgo son más similares a ciudadelas, con multitud de edificios diseminados dentro de un mismo recinto.
Por eso, no esperéis construcciones verticales impresionantes, si no más bien una visita a una serie de edificios desperdigados dentro de un recinto amurallado (eso sí, si no menuda hostia de castillo sería ¿no?).

Hablaba en otro pie de foto de la luz que había ese día. Aquí se aprecia claramente (vale, la foto está un pelín retocada, pero no mucho). Castillo de Stirling, septiembre de 2025.
Algunos datos relevantes, interesantes y curiosos sobre el castillo:
- Es conocido como la “llave de Escocia” por estar situado sobre una colina volcánica (a estos castillos se les llama castillos roqueros) que domina el paso natural entre las Highlands y las Lowlands. Este lugar tan privilegiado, en el centro del país, significaba básicamente que tenías el control tanto a nivel político como militar;
- ¿A que no sabíais que María Estuardo fue coronada aquí cuando apenas tenía nueve meses de edad? De hecho, qué narices: ¿a que no sabíais de nadie al que se le haya coronado cuando no contaba ni con un año? Ocurrió el 09/09/1543…
- El Gran Salón es uno de los edificios más impresionantes del conjunto. Construido a comienzos del siglo XVI, era el mayor salón secular de Escocia. Originalmente estaba pintado de un llamativo color amarillo, pensado para deslumbrar a embajadores y visitantes y proyectar poder y riqueza.
- El Palacio Real alberga una cuidada recreación de tapices renacentistas cargados de simbolismo. El unicornio, animal nacional de Escocia, aparece de forma recurrente como emblema de fuerza, pureza y autoridad real.
Digno de visita es también el cementerio tan victoriano que está a las afueras del mencionado castillo (no os preocupéis: no hay pérdida alguna), que no es otro que el que podéis ver más abajo.
Una curiosidad al respecto de los cementerios anglosajones: no tienen el marchamo lúgubre que les imponemos aquí: allí son lugares de esparcimiento, de visita, de disfrutar de la tranquilidad que sólo unos vecinos que llevan muertos siglos te pueden brindar.

Y es que son, realmente, impresionantes. Tanto es así que he llegado a oír a gente decir que le encantaría casarse en uno.

La Batalla del Puente de Stirling
De la Batalla del Puente de Stirling no os voy a hablar por una muy sencilla razón: soy el primero que muchas veces se salta las parrafadas históricas de los blogs (aunque en esta web encontraréis multitud de ellas, pero hoy me levanté vago, qué queréis que os diga).
Sí os dejo este link de somosescocia.com donde habla de dicha batalla que, balla balla con la batalla, tuvo lugar un 11 de septiembre.
Santos cojones manda la cosa ¿verdad? ¿eh?
El puente original, el de madera, donde un astuto William Wallace tendió la trampa a los ingleses debía estar donde se encuentra el actual, el de piedra, construido en torno al 1500. Parece que no hay consenso, o documentación de la fecha exacta de su construcción, pero intuyo que debe llevar unas pocas de restauraciones para lucir tan cuco.

El Stirling Old Bridge, en la actualidad
El Monumento a William Wallace
La Torre, cuyo nombre completo es el Monumento Nacional a William Wallace, se terminó de construir en 1869 así que, bajo nuestros párametros europeos, es de antes de ayer. Sin ir más lejos, la casa de mi pueblo creo que estaba fechada en 1863 (una casa de lo más humilde).
A esto en Estados Unidos le ponen cinco millones de tours, de visitas guiadas, «the one-and-only-world-famous-wallace-monument» y mierdas así, porque así son ellos. Pero nosotros, pues ñé. Para eso somos el Viejo Continente (continente al que le están comiendo la tostada, por cierto).
¿Merece la pena? Yo no volvería a subir.
Nosotros llegamos caminando desde nuestro hotel (al lado de la cárcel, en la parte alta de la ciudad), en un agradable paseo de unos cincuenta minutos (y aprovechamos para pasar por el anteriormente mencionado puente).

Lo más reseñable (bajo mi punto de vista, claro) de la Torre son, por un lugar, las vistas, y por otro ver el supuesto mandoble de William Wallace, el cual mide cerca de dos metros y es, ciertamente, impresionante.

Increíbles vistas de Stirling desde el Monumento a William Wallace.
Y de aquí vuelta en un Uber al hotel (que empezó a llover, y mucho), coger las maletas, y tirar para Glasgow.








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