Clarksdale


“[…]And I went to the crossroad, mama, I looked east and west” (Cross Road Blues, Robert Johnson)


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La famosa leyenda

Cuenta la leyenda que es en este pequeño pueblo del norte de Mississippi donde Robert Johnson vendió su alma al diablo para aprender a tocar la guitarra de forma que pudiera acallar a todos aquellos bluesmen que se reían de él por lo mal que la tocaba…

Y como leyenda hay que tratarla, porque ahora los estudiosos cuentan que la vendió realmente en Rosedale (también en Mississippi, a poco menos de 100 km’s al sur de Clarksdale). Pero la realidad es que tan siquiera fue Robert Johnson el que “vendió” su alma al diablo, si no Tommy Johnson, un bluesman de la época: fue el historiador David Evans quien lo registró en la biografía de T. Johnson allá por el año 71 del siglo pasado.

Posteriormente, quizá por un mero movimiento de marketing (bastante acertado) fue atribuida a Robert Johnson. Aquí os amplían esta historia con muy buena y jugosa información.

Hopson Plantation, Clarksdale, MS

Folklore norteamericano aparte (cómo lo venden, por dios), lo que sí es cierto es que este pueblo existe, y tiene mucho que ofrecer a los que elegimos hacer este viaje. A poco menos de 130 km’s al sur de Memphis se encuentra Clarksdale, una de las últimas ciudades de Mississippi y de una importancia capital en la historia del Blues. En un hospital de esta ciudad, tras un fatídico accidente de coche murió Bessie Smith, una de las primeras damas del Blues y con una vida que haría enrojecer a mucho punk. Pero también nació en ella Sam Cooke, uno de los primeros empresarios en términos absolutos del Soul (de él cuenta Ray Charles que aprendió a manejar sus propias cuentas y tener control absoluto sobre su obra, algo inédito en la “race music” de aquellos años).

Unos básicos

Sitios como el Delta Blues Museum (sabed que si sois socios en activo de cualquier sociedad de Blues, como es mi caso con la Sociedad de Blues de Madrid, tendréis descuento en la entrada)  el Red’s Juke Joint (uno de los últimos antros originales del Blues), el Ground Zero Blues Club (copropietario Morgan Freeman… curioso ¿eh?), la Hopson Plantation, donde un joven Pinetop Perkins, a la postre uno de los más famosos pianistas que ha dado el Blues por su asociación con Muddy Waters, trabajó durante sus primeros años (y ahora reconvertida en uno de los más originales sitios de todo el viaje donde podrás pasar una noche, el Shack Up Inn)… todos estos lugares se encuentran en una ciudad en la que te costará encontrar algún sitio para cenar después de las nueve y media de la noche.

Ford en Clarksdale MS

¿Cuánto tiempo pasar en Clarksdale?

Nosotros pasamos una sola noche entre semana, y aunque me hubiera gustado quedarme un par de días para saborear más a fondo la ciudad, seamos sinceros: es un pueblo pequeño, con una oferta gastronómica minúscula: tras un buen concierto en el Hambone Arts and Gallery tuvimos que comprar la cena en una gasolinera en la que yo flipé, ya que mientras pagábamos un par de cervezas más y algo de comer a la dependienta (ella, una gran big mama con ronchones de comida en el polo de la empresa), al lado tenía a un fornido chavalote que apestaba a marihuana.

Estados Unidos es ese gran país donde no puedes beber en la calle pero sí llevar pistolas o jumear a marihuana.

El Shack Up Inn

El caso es que encima de pasar sólo una noche llegamos tarde de cojones, gracias a la incompetencia de la empresa que nos tenía que entregar el coche a las diez de la mañana en Nueva Orleans y terminó haciéndolo casi a la una de la tarde. Así las cosas, tuvimos que acelerar más de lo debido para llegar a las nueve de la noche a Clarksdale. Y sí, cumplimos, llegamos mientras la recepción del Shack Up Inn estaba a punto de cerrar. Por suerte les pillamos abiertos, pero ya nos habían escrito un mail indicando que nos dejaban la llave bajo el felpudo de nuestra choza. Buena gente, en otros sitios nos hemos quedado en la calle por la falta de empatía del regente.

Shack Up Inn, Clarskdale MS

A todo esto: si planeáis pasar por Clarksdale y dormir en el Shack Up Inn (algo que, sinceramente hay que hacer sí o sí) tened en cuenta que en fin de semana el alojamiento mínimo es de dos noches. Nosotros estuvimos una pero porque era entre semana. Y hubiera molado quedarse otra más. Los findes de semana tienen conciertazos de, cómo no, Blues. Consultad aquí el calendario. Y os sentiréis agasajados si os dejan una de las muchas guitarras viejunas que tienen allí, a servicio del cliente (la que veis arriba la cogí en recepción… era intocable). Todo pensado para que el bluesman esa noche seas tú.

Museo del Blues del Delta

Otra de las visitas obligatorias si tienes planeado pasar por Clarksdale. Y como comentaba al principio de esta página, recordad que si sois socios en activo de cualquier sociedad de Blues, como es mi caso con la Sociedad de Blues de Madrid, tendréis descuento en la entrada. Se trata de un museo con mucha información y objetos de los propios bluesmen que enamorará al aficionado al Blues, sin duda. Os voy a dejar unas pocas imágenes que hablarán del sitio sin duda mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo: A la entrada tendrás el cartel informativo de rigor, indicándote los datos básicos:

Cartel del Delta Blues Museum

La entrada consta de varios instrumentos africanos de antigua procedencia, dándonos una pista, para los  neófitos e incautos que no se hagan una idea, de dónde puede venir todo este rollo.

Entrando al Museo del Blues del Delta

Seguimos andando y vamos encontrándonos diversas vitrinas con vestimentas, cuadros firmados…

Museo del Blues del Delta

Y para mí una de las joyas de la corona: una preciosísisisisisisisima Gibson ES-345 perteneciente a Otis Rush. Entiendo que lo conoces, ¿verdad? Deberías. Pero bueno, puedes hacerte una idea de qué hacía este hombre aquí y aquíY ya de paso veis a esta misma guitarra en acción.

Gibson ES-345 de Otis Rush

Me dejo todo el resto del museo entre medias (supongo que no queréis que os destripe todas y cada una de las cosas que hay allí), y llegamos a una de las piezas más importantes de todo el lugar: la choza en la que vivió su juventud Muddy Waters, traída pieza a pieza desde la Stovall Plantation, el lugar donde creció y donde fue grabado por primera vez por Alan Lomax, un musicólogo estadounidense al que le debemos mucho más de lo que parece: fue él quien se puede decir que descubrió a Muddy Waters cuando iba por el sur buscando a Robert Johnson, pero alguien le dijo “del tal Robert ni idea, pero allá hay un chaval jovencísimo que se lo curra de la leche“. Al menos eso cuenta la leyenda.

Como apunte último de Alan Lomax, sabed que su radio de acción no sólo se circunscribió a su Estados Unidos natal, si no que también grabó multitud de música por Sudamérica, India, y cien sitios más. También, oh, sorpresa: grabó mucho y variado aquí, en España. En este anterior link tenéis algunos de los sitios por los que pasó en los cincuenta el muchacho. Y es que lo suyo era documentar el folklore, fuera éste originario de donde fuera.

Casa de Muddy Waters

Del museo tengo muchas más fotos que me gustaría poner por aquí, pero dado que estáis aquí porque tarde o temprano lo visitaréis… Os dejo con las ganas de más, que siempre se agradece.

Hambone’s Art Gallery 

Llegamos al Hambone’s Art Gallery casi por obligación, ya que no había mucho más abierto en la zona. Pero son de esas maravillosas coincidencias que dudas que se te olviden en lo que nos queda en este convento, y explico brevemente los motivos:

1-. Porque es un curioso sitio que, como su nombre indica, es una galería de arte (piezas, cuadros, diseñados por Stan Street, al que mando un saludo si lee esto, ya que el tío habla algo de español). Fui gilipollas y me quedé con las ganas de comprar alguna de las láminas que tenía por allí. En fin… volveré (y si queréis traerme una, yo la pago agradecidísimo de la vida).

2-. Porque tenía a una banda cojonuda en directo:la Randy McAllister Band, un cuarteto con el batería como líder de la banda, acompañado de bajo, guitarra y violín. No era Blues en su sentido más estricto, tampoco country o folk rock. Era una maravillosa amalgama de todo ello tocado con una solvencia acojonante. Stan me explicó que no era la primera vez que pasaban por allí, y que los tíos estaban haciéndose una gira que ya quisieran muchos para sí.

Clarksdale, una noche cualquiera entre semana.

3-. Porque conocimos a tres parejas españolas de colegas que estaban haciendo su propia ruta y que posteriormente nos encontraríamos en Memphis. Al final todos hacemos lo mismo pero… ¿qué hay de malo en ello?

4-. Por una mínima charla que mantuve con él tras tropecientas cervezas, en las que, sin venir a cuento, me comentó algo así como: “oye, quiero que sepas que yo no apoyo a Trump” (esto fue casi un año antes de que este elemento ganara las elecciones). Lógicamente, flipé, porque en absoluto estábamos hablando de política ni nada remotamente parecido, pero le contesté algo así como que no dudaba de que un tío que regentaba un garito de Blues en pleno Mississippi tuviera ese tipo de ideas en la cabeza. Me chocó más aún si cabe porque fue la segunda persona en el viaje que me sacó el tema sin yo tan siquiera mencionarlo… El miedo parecía estar en el ambiente. En fin.

Por el momento, y hasta que recuerde alguna cosa más, termino aquí este post sobre Clarksdale.

 

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